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Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. Gálatas 5-1

Estudios Biblicos


  • La Palabra de Dios no ofrece atajos

    Muchas gentes con las que me encuentro en la actualidad buscan “la vida más profunda”, cuando en realidad lo que necesitan tan desesperadamente es encontrar su camino a la cruz de Cristo con un corazón verdaderamente quebrantado por su pecado.

     

    Están tratando de circunvalar la convicción del Espíritu Santo; por lo tanto, ¡han 13 errado totalmente! Quiero decirte de lo profundo de mi corazón que te brindo con compasión: ¡no existen atajos para superar la vida! Cuando el Señor te confronta con tus pecados, tienes que arrepentirte. El Espíritu tiene que abrir tu corazón para que, por medio de la Palabra de Dios, puedas ver tu condición perdida, desdichada y pecaminosa. Sé que no te gusta oír esto porque amas el pecado. ¡Tu orgullo no te deja admitir que eres un pecador hipócrita, un pecador merecedor del infierno y el más grande de los pecadores! Pero recuerda, ¡o vienes por este camino o mueres!

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  • La Palabra de Dios hiere y da vida

    La Palabra de Dios hiere y da vida. Da muerte al fariseísmo, al pecado y la incredulidad. Te trae a Dios clamando: “¡Ay de mí porque estoy deshecho! ¡Estoy perdido! ¡Dios, sé propicio a mí, pecador!” Escucha el clamor de David en el Salmo 51 cuando la Palabra de Dios penetró forzadamente en su corazón bajo la convicción de su pecado: 

     

    “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; para que seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio. He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre. . . Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve . . . Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí”

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  • La Palabra de Dios es eficaz

    Hebreos 4 también nos dice que esta Palabra de Dios, en las manos del Espíritu Santo, no sólo es viva sino también eficaz. Es activa, operativa, vigorizante y efectiva. Trae convicción –convicción de pecado y de la impiedad de la incredulidad-- porque discierne entre el bien y el mal en el pensamiento aun más santo del mejor de los hombres y le muestra lo que es: ¡un pecador ante Dios!

     

    El Espíritu Santo usará la Palabra para darte la convicción de que eres espiritualmente ciego a causa del pecado. No puedes ver el peligro en que te encuentras ni puedes ver ninguna hermosura en Cristo. “Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos” (2 Cor. 4:3, 4).

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  • La Palabra de Dios es el instrumento del arrepentimiento

    En el arrepentimiento auténtico vemos un cambio radical en la manera de pensar y en el corazón que lleva a una transformación total de la vida; esto sucede en el alma por el poder del Santo Espíritu que convence de pecado. Pero, ¿qué instrumento usa? Mi amigo, usa la Palabra de Dios, de la cual él es autor, para convencer “de pecado, de justicia y de juicio” (Juan 16:8).

     

    Fíjate bien: aparte de la Palabra de Dios no puede haber salvación, ya que leemos en Romanos 10:17: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” Y 1 Pedro 1:23 dice: “siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.” 

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  • ¿Es el perdón de Dios para ti?

    Pero alguien puede decir: “No dudo que el arrepentimiento y la remisión de los pecados deben ser predicados en el nombre de Cristo, y que tales cosas sean enseñanzas de Cristo. Mi problema es: ¿son para mí?” Pues bien, ésta es una cuestión que tienes que determinar bajo la dirección del Espíritu Santo.

     

    Pero déjame hacerte algunas preguntas: ¿Te arrepientes de tus pecados? ¿Sientes gran pesar por los pecados porque son la plaga de tu corazón y la maldición de tu vida? ¿Aborreces el pecado? ¿Te vuelves del pecado queriendo vivir como el Santo Dios quiere que vivas? 

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