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Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. Gálatas 5-1

De una religión a una relación (Juan 3:16)

 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. (Juan 3:16)

«Era un niño sin problemas; el domingo iba de buena gana a la iglesia. Pero al crecer me di cuenta de que no podía conformarme con una fe de imitación. Entonces fui a una conferencia sobre la Biblia. Allí comprendí que Dios es un Dios Salvador y que su Palabra es muy clara sobre el destino del hombre.


 

En esa época yo creía que sólo después de la muerte sabríamos si seríamos salvos o no, en función de nuestra vida, y más concretamente de nuestra conducta. Pero al leer el versículo 16 del capítulo 3 del evangelio según Juan, repentinamente tomé conciencia de que sin Dios estaba perdido.

Pero, alabado sea Dios, él envió a su Hijo para salvar a los hombres perdidos. Yo estaba cautivado por el hecho de que Jesús hubiese venido a la tierra y que hubiese muerto por mis pecados. Lo único que podía decirle era: ¡Sí, quiero que estés en mi corazón; sí, te doy mi vida! Entonces se produjo algo inexplicable, un sentimiento de alivio, de libertad y de paz. 

Esta experiencia, que cambió mi vida y mi forma de ver las cosas, tuvo lugar hace 21 años. Para mí, la espiritualidad no se vive a través de una religión, sino mediante una relación de confianza con Dios.

Es cierto que ha habido altibajos en mi vida, pero Dios siempre me ha consolado y restaurado. ¡A usted Dios también le ama y le está esperando!».

 (Jesús dijo:) La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. (Juan 14:27)

 


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