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Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. Gálatas 5-1

Le siguió una gran bonanza (Marcos 4:39) Isaías 25:4

Porque fuiste fortaleza al pobre, fortaleza al menesteroso en su aflicción, refugio contra el turbión, sombra contra el calor; porque el ímpetu de los violentos es como turbión contra el muro. (Isaías 25:4 )

Mientras cruzaban el mar de Galilea, los discípulos de Jesús fueron sorprendidos por una violenta tempestad. Jesús estaba durmiendo en la parte trasera de la barca. El viento “echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba”. Los discípulos despertaron a Jesús y le dijeron: “Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?”. Entonces Jesús reprendió al viento y mandó al mar que callase. Al furor de la tempestad le siguió una gran bonanza. (Marcos 4:35-41)


 

Este pasaje evoca las circunstancias adversas que de repente surgen en nuestra vida: la enfermedad, pérdida de un ser querido, desempleo... Entonces, como los discípulos que estaban en la barca, ¡entramos en pánico! Luchamos impotentes; nos parece que nuestro Dios no se preocupa por nosotros.

Por muchos esfuerzos que hagamos, sólo nos queda reconocer que la situación se nos escapa de las manos. ¡Pero a Jesús no se le escapa! Si tomó lugar en nuestra barca, si le hemos dejado la dirección de nuestra vida, permanecerá junto a nosotros en medio de las situaciones difíciles, y nunca nos abandonará. Podemos contarle nuestros temores, nuestras inquietudes e incluso nuestra desesperación. Él nos responderá y nos dará la tranquilidad y la confianza.

 

Porque fuiste fortaleza al pobre, fortaleza al menesteroso en su aflicción, refugio contra el turbión, sombra contra el calor; porque el ímpetu de los violentos es como turbión contra el muro. (Isaías 25:4)

 


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