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Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. Gálatas 5-1

EL AMOR, RESUMEN DE LA VERDADERA RELIGIÓN

El amor es el principal de las emociones. Cuando alguien le pregunto a Jesús cual era el primer mandamiento, su respuesta fue: " Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primer y gran mandamiento. El segundo es similar: Amaras a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen la ley y los profetas" (Mateo 22:37-40)

El apóstol Pablo enseño lo mismos: "el cumplimiento de la ley es el amor" (Romanos 13:10). "Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio" (1 Timoteo 1:5). En 1 Corintios 13, Pablo habla del amor como lo mas grande que hay en el cristianismo, su alma y esencia, sin el cual el conocimiento, los dones, y las actividades mas fenomenales no tienen valor alguno.


 Comprobado queda, pues, que nuestras emociones son el eje de la religión autentica. El amor no es tan solo una de las emociones, sino la mayor de ellas, y, por decirlo así, la fuente de las demás. Es del amor que surge el odio, odio por las cosas que son contrarias a aquello que amamos. De una amor vigoroso y afectuoso hacia Dios nacerán las otras emociones espirituales: odio por el pecado, temor de desagradar a Dios, gratitud a Dios por su bondad, gozo en Dios cuando experimentamos su presencia, tristeza al sentir su ausencia, esperanza de un futuro disfrute de Dios, y celo por la gloria de Dios. De la misma manera, amor por nuestro prójimo producirá en nosotros todo lo demás que debemos sentir hacia el.

DAVID, PABLO, JUAN, Y CRISTO COMO EJEMPLOS DE EMOCIÓN SANTA

La religión de los santos más sobresalientes de las Escrituras fue una religión de emociones santas. Enfocare en particular a tres grandes santos, y al Maestro mismo, para demostrar la verdad de lo que digo. Primero, consideremos al rey David, ese hombre según el corazón de Dios quien nos ha dejado en los Salmos un vivo retrato de su religión. Esas canciones santas no son ni más ni menos que el derramamiento de emoción devota y santa. En ellas vemos un humilde y ferviente amor por Dios, admiración de sus gloriosas perfecciones y maravillosas obras, y deseos y añoranzas del alma hacia el. Vemos deleite y alegría en Dios, una dulce gratitud por su gran bondad, y un santo regocijo en su favor, suficiencia, y fidelidad. Vemos amor por, y deleite en, el pueblo de Dios, gran deleite en la Palabra de Dios y sus ordenanzas, tristeza por el pecado propio de David y el de los demás, y ferviente celo por Dios, en contra de sus enemigos.

Estas expresiones de emoción santa en los Salmos tienen especial relevancia para nosotros. Los Salmos no solo expresan la religión de un santo como lo fue el rey David, sino que también fueron inspirados por el Espíritu Santo para ser cantados en la adoración pública de los creyentes, tanto en esos días como en los de ahora.

En seguida, consideremos al apóstol Pablo. De acuerdo con lo que las Escrituras dicen de el, parece haber sido un hombre de una vida emocional altamente desarrollada, especialmente en lo que al amor se refiere. Sus cartas dejan ver esto claramente. Un ardiente amor por Cristo parece encenderlo y consumirlo. Se contempla a si mismo como sobrecogido por esta santa emoción, impulsado por ella a seguir adelante en su ministerio a través de todas las dificultades y sufrimientos (2 Corintios 5:14-15). También sus cartas están llenas de un desbordante amor por los cristianos. Los llama sus muy amados (2 Corintios 12:19, Filipenses 4:1,2 Timoteo 1:2), y habla de su tierno y afectuoso cuidado por ellos (1 Tesalonicenses 2:7-8). Con frecuencia habla de sus añoranzas y deseos afectivos hacia ellos (Romanos 1:11, Filipenses 1:8,1 Tesalonicenses 2:8; 2 Timoteo 1:4).

A menudo, Pablo expresa la emoción del gozo. Habla de regocijarse con gran gozo (Filipenses 4:10, Filemón 7), de gozarse mucho mas (2 Corintios 7:13), y de regocijarse siempre (2 Corintios 6:10). También al respecto hablan: 2 Corintios 1:12,7:7,9,16; Filipenses 1:4, 2:1-2,3:3; Colosenses 1:24; 1 Tesalonicenses 3:9. Pablo habla de su esperanza (Filipenses 1:20), de su celo piadoso (2 Corintios 11:2-3), y de sus lagrimas de tristeza (Hechos 20:19,31, y 2 Corintios 2:4). Escribe del grande y continuo dolor en su corazón debido a la incredulidad de los judíos (Romanos 9:2). En cuanto a su celo espiritual, no es necesario mencionarlo, ya que es obvio a través de su vida entera como apóstol de Cristo.

Si alguno puede considerar estos relatos escriturales de Pablo, sin ver que la religión de Pablo era una religión de emociones, debe ser que tiene la extraña capacidad de cerrar sus ojos a la luz que le brilla en toda la cara. El apóstol Juan era un hombre cortado de la misma tela. Sus escritos ponen en claro que era una persona de una vida emocional profunda. Se dirige a los cristianos a quienes escribe de una manera realmente tierna y conmovedora. Sus cartas no respiran sino el amor mas ferviente, como si el estuviera hecho de afecto dulce y santo. La única manera de comprobar esto que digo seria citar la totalidad de sus escritos.

Mayor que todos estos, Jesucristo mismo tenia un corazón asombrosamente tierno y afectuoso, a la vez que expresaba su justicia fuertemente con emociones santas. Tenía el más fuerte amor por Dios y por los hombres, el ardor y el vigor más grandes que hayan existido. Este amor santo fue el que triunfo en el Getsemaní cuando lucho con el temor y el dolor, cuando su alma estaba "muy triste, hasta la muerte" (Mateo 26:38). Vemos que durante sus días en la tierra, Jesús tuvo una vida emocional poderosa y profunda. Leemos de su gran celo por Dios: "El celo de tu casa me consume" (Juan 2:17). Leemos de su tristeza por el pecado de los hombres: "entristecido por la dureza de sus corazones" (Marcos 3:5).

Al considerar el pecado y la miseria de la gente impía de Jerusalén, irrumpió en lagrimas: "Y cuando llego cerca de la ciudad, al verla lloro sobre ella, diciendo: ¡Oh, si también tu conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz!" (Lucas 19:41-42). Con frecuencia leemos de la compasión de Jesús. (Véase Mateo 9:36,14:14,15:32,18:34, Marcos 6:34; Lucas 7:13.) ¡Como se enterneció su corazón ante la muerte de Lázaro! ¡Cuan afectuosas sus palabras de despedida a sus discípulos la noche antes de ser crucificado! De todos los discursos pronunciados por labios humanos, las palabras más afectuosas, y las que más afectan, son las que dijo Cristo en los capítulos 13-16 del evangelio de Juan.

 Por: Jonathan Edwards


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