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Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. Gálatas 5-1

EL QUE NO HAYAMOS PRODUCIDO NUESTRAS EMOCIONES POR NUESTROS PROPIOS ESFUERZOS NO COMPRUEBA QUE SEAN O NO ESPIRITUALES

Muchos condenan toda emoción que no surja del funciona-miento natural de la mente. Les parece ridícula la idea de que verdaderamente podamos sentir el poderoso obrar del Espíritu Santo dentro de nosotros. El Espíritu, dicen, siempre obra de una forma silenciosa y escondida. Insisten en que únicamente obra mediante las verdades de la Biblia y a través de nuestros propios esfuerzos, como, por ejemplo, el de la oración. Por lo tanto, concluyen, no tenemos manera de distinguir entre la obra del Espíritu y el funcionar natural de nuestras mentes.

Cierto es, que no tenemos derecho alguno a esperar que el Espíritu de Dios obre en nosotros, si hemos dejado de lado cosas tan importantes como el estudio de la Palabra y la oración. También es cierto que el Espíritu obra en muchas formas diferentes. A veces lo hace silenciosa y escondidamente.


 

Aun siendo así, si la experiencia de la salvación viene a nosotros de parte de Dios, ¿por que no hemos de poder sentir que ha sido así? No producimos la salvación por nuestros propios esfuerzos. El obrar natural de nuestras mentes no lo produce. Por si solos la lectura bíblica y la oración no pueden traer la salvación. Es el Espíritu del Omnipotente que produce en nuestros corazones la salvación. ¿Por que, entonces, no debemos sentir que El es quien esta obrando en nosotros? Si lo sentimos, no sentimos más de lo que es cierto.

Nos equivocamos entonces, si decimos que la gente esta en-ganada solo porque dice haber sentido el obrar de Espíritu Santo en ellos. Llamarle a esto delirio seria como decir, "Usted siente que su experiencia es de Dios. Pues bien, eso confirma que no lo es."

Las Escrituras describen la salvación de un pecador como un hacer de nuevo (Juan 3:3), una resurrección de los muertos (Efesios 2:5), una nueva creación (2 Corintios 5:17). Estas descripciones tienen una cosa en común. Todas relatan eventos que no pueden haber sido producidos por la persona que los experimenta. Únicamente Dios es el autor de la regeneración de un pecador, de su resurrección espiritual, y su nueva creación. Seguramente un pecador que tiene la experiencia de la obra de Dios en su vida se dará cuenta de que es Dios quien lo esta salvando, ¿no? Sin duda, es por esto que las Escrituras describen la salvación como regeneración, resurrección, y nueva creación. Todas estas palabras testifican que el origen de la experiencia de la salvación no esta en nosotros.

En la salvación, Dios obra con un poder que obviamente, es más que humano. De esta forma evita que podamos jactarnos de los que nosotros hayamos hecho. Por ejemplo, cuando Dios salvo a su pueblo en el Antiguo Testamento, su experiencia le decía muy claramente que no se había salvado por si mismo. Cuando Dios los salvo de Egipto en el éxodo, primero permitió que sintieran su propia incapacidad. Luego, con su poder milagroso, los redimió. No cabía duda de que Dios había sido su Salvador.

Vemos la misma experiencia del poder de Dios en la mayoría de las conversiones que nos relata el Nuevo Testamento. El Espíritu Santo no convertía a la gente en una forma silenciosa, secreta, y gradual. Normalmente lo hacia con una demostración gloriosa de poder sobrenatural. Hoy en día la gente mira tales experiencias de conversión como señal segura de delirio.

Por otro lado, no debemos pensar que nuestras emociones sean verdaderamente espirituales tan solo porque no tuvimos nada que ver con producirlas. Hay quienes intentan comprobar que sus emociones son del Espíritu Santo arguyendo de la siguiente manera: "Yo no produje esta experiencia por mi mismo. Me llego cuando no la estaba buscando. Por mis propios esfuerzos no puedo hacer que vuelva a suceder".

Este es un argumento tambaleante. Puede que una experiencia no producida por nosotros mismos nos haya venido de un espíritu falso. Hay muchos espíritus falsos que se disfrazan como ángeles de luz (2 Corintios 11:14). Son capaces de imitar al Espíritu de Dios poderosa y habilidosamente. Satanás puede obrar en nosotros, y podemos distinguir su obrar del funcionar natural de nuestras propias mentes. Por ejemplo,
Satanás llena las mentes de algunas personas con blasfemias terribles y sugestiones viles. Estas personas están seguras que las sugestiones y blasfemias satánicas no salen de sus propias mentes.

Creo que con igual facilidad el poder de Satanás nos puede llenar de consolaciones y gozos engañosos. Indudablemente sentiríamos que estas consolaciones y gozos no originaban en nosotros mismos. Sin embargo, esa no seria causa para decir que provenían de Dios. Los trances y arrebatos de algunos fanáticos religiosos no son de Dios sino de Satanás.

También es posible que tengamos experiencias que vienen del Espíritu de Dios pero que no nos salvan, o que no son evidencia de que seamos salvos. Leemos en Hebreos 6:4-5 de personas que "una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos participes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena Palabra de Dios y los poderes del siglo venidero," pero que resultaron no ser salvos (versos 6-8).

Las experiencias religiosas también pueden suceder sin la influencia de un espíritu ni bueno ni malo. Personas impresionables con imaginaciones vivas pueden tener emociones raras e impresionantes que no producen por sus propios esfuerzos. Cuando estamos durmiendo, sonamos sin esforzarnos por hacerlo. Gente imaginativa puede tener sentimientos e impresiones religiosas que son como sueños, aun estando despierta.


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