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Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. Gálatas 5-1

El momento crucial de mi vida

 En esto, una mujer enferma de flujo de sangre desde hacía doce años se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto,  porque se decía a sí misma: «Con sólo tocar su manto, seré salva.»  Pero Jesús, volviéndose y mirándola, dijo: —Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado. Y la mujer fue salva desde aquella hora. (Mateo 9:20-22)


La enfermedad se apoderó de mí como un águila sobre su presa. Envenenando con un pesticida, las náuseas, vómitos y una fiebre alta me derribaron repentinamente. Yo, un niño de 10 años, desbordante de vitalidad, de repente me encontraba al borde de la muerte. Nuestro médico de familia vino urgentemente y diagnóstico una hepatitis tóxica. Dijo en voz baja a mis padres, que le prefirieron no hospitalizarme.

La enfermedad fue empeorando. Cuando estaba cerca del coma ,alcance a ver a mi madre y a mis hermanas en la entrada de mi habitación. Con el rostro bañado por las lágrimas, empezaron a cantar un viejo himno cuyas palabras hablaron a mi corazón.

A pesar de mi gran debilidad, comprendí que, mediante las palabras de ese himno, Jesús me decía que lo que había hecho en otro tiempo por la mujer enferma, y haría también por mí, si tan solo tocaba el borde de su manto.

Sencillamente deposite toda mi fe de niño en Jesucristo. A partir de ese momento mi salud mejoro cada día. Estuve muy débil durante varios meses, pero sane sin ninguna secuela, gracias sean dadas a Cristo, que su nombre sea alabado.

Vino a él un leproso, rogándole, he hincado la rodilla, le dijo, si quieres, puedes limpiarme. Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, ser limpio .(Marcos 1:40-41).


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