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Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. Gálatas 5-1

El camino de la santidad "Yo soy la puerta" / (Juan 10:9)

Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. (Juan 10:9)

 


Cuando Jesús anuncia: "Yo soy la puerta", da a entender que existe un lugar en el cual el hombre puede entrar para lograr su felicidad, un ambiente en qué Dios puede bendecirle y dónde es conocido y amado. Pero el mal que está en el ser humano -¿y quién podría negar esa terrible realidad?- impedía que entrásemos.

Por eso, Dios nos abrió la puerta de ese lugar el día en que su hijo cargo con nuestros pecados. Solo podemos pasar por ella si nos inclinamos y reconocemos nuestra culpabilidad ante Dios aceptando su perdón. Entonces participamos de una nueva relación con él, una relación de amor que no puede ser anulada.

¿Que descubrimos cuando se abre esa puerta? No una silla, para que nos sentemos inmóviles, sino un camino en el cual podemos estar activos en cantidad, disfrutando de la paz y la comunicación con Dios. Por esa senda Jesús nos conduce hacia el cielo, donde él está.A lo largo del camino nos invita a orar, lo que responde a nuestro deseo de hablarle. Además, nos enseña a amar la biblia, que nos habla de él, y a vivir para Dios. Por desdicha, podemos alejarnos de este camino; esto ocurre cuando no escuchamos la voz del señor.

El pecado recupera su antigua fuerza y manifestamos orgullo, egoísmo y celos. Entonces Dios nos quita la paz. De este modo nos invita a volver al camino, a Jesús, y a confesar nuestras faltas para que gustemos de su perdón y nos apartemos del pecado.

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. (Juan 14:6)


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