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Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. Gálatas 5-1

Pastor Miguel Núñez - La salvación por medio de la fe en Jesucristo

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Descripción

Esta semana el pastor Miguel Núñez ha interrumpido la serie Hasta los Confines de la Tierra para predicar sobre el regalo del perdón de nuestros pecados y de la salvación por medio de la fe en Jesucristo, aprovechando que este año se celebra los 500 años de la reforma iniciada por Martín Lutero. El mensaje de hoy está basado en los versículos que muchos estudiosos han calificado como el punto central de la biblia, se trata del capitulo 3 de la carta a los Romanos, versículos del 20 al 31, y al cual se le ha titulado: Sola Fide. https://youtu.be/hK4LWScemWw

Una de las principales intenciones de esta carta del apóstol Pablo a los Romanos es establecer claramente que la manera en que Dios acepta al pecador, o lo justifica ante sus ojos, es sólo por gracia por medio de la fe en la justicia de Cristo, sin acepción de naciones.

En estos versículos de hoy observamos que tanto los judíos como los gentiles no pueden ser justificados por sus obras, ya que la justificación es por la libre gracia de Dios, por fe en la justicia de Cristo, pero la ley no se deroga, sencillamente nos muestra lo pecadores que somos.

Debido a que somos pecadores Dios nos ha abierto un camino hacia Él, es la justicia de Dios; la justicia en la ordenación, en la provisión y en la aceptación. Es por esa fe que tiene Jesucristo por su objeto; el Salvador ungido, que eso significa el nombre de Jesucristo. La fe justificadora respeta a Cristo como Salvador en sus tres oficios ungidos: Profeta, Sacerdote y Rey; esa fe confía en Él, le acepta y se aferra de Él; en todo eso los judíos y los gentiles son, por igual, bienvenidos a Dios por medio de Cristo. No hay diferencia, su justicia está sobre todo aquel que cree; no solo se le ofrece, sino se le pone a ellos como una corona, como una túnica. Es libre gracia, pura misericordia; nada hay en nosotros que merezca tales favores. Nos llega gratuitamente, pero Cristo la compró y pagó el precio. La fe tiene consideración especial por la sangre de Cristo, como la que hizo la expiación. Dios declara su justicia en todo esto. Queda claro que odia el pecado, cuando nada inferior a la sangre de Cristo hace satisfacción por el pecado. Cobrar la deuda al pecador no estaría en conformidad con su justicia, puesto que el Fiador la pagó y Él aceptó ese pago a toda satisfacción. Dios ejecutará la gran obra de la justificación y salvación de pecadores desde el primero al último, para acallar nuestra jactancia, que es parte de nuestras obras. Sino por fe, que en esta materia no es un acto de obediencia o una buena obra, sino la formación de una relación entre Cristo y el pecador, que considera adecuado que el creyente sea perdonado y justificado por amor del Salvador, y que el incrédulo, que no está unido o relacionado de este modo con Él, permanezca sometido a la condenación. La ley todavía es útil para convencernos de lo que es pasado, y para dirigirnos hacia el futuro. Aunque no podemos ser salvos por ella como un pacto, sin embargo la reconocemos y nos sometemos a ella, como regla en la mano del Mediador.

La expresión sola fide, o solo fe, junto con la de sola escritura, que en materia de fe y de lo que tenemos que hacer, se constituyeron en punta de lanza de la reforma que inició Martín Lutero.




Del texto de hoy se desprenden cinco principios, los cuales son:

1.- Por las obras de la ley ningún ser humano será justificado. Es la limitación. Ninguno de nosotros podrá cumplir perfectamente con las exigencias de la ley de Dios, ya sea por falta de cumplimento material o espiritual. La ley se hizo débil por causa de la carne. Por lo que Dios envió a Cristo a cumplirla por nosotros y salvarnos.

2.- El rol de la ley. Por medio de la ley conocemos el pecado y nos dice lo que complace a Dios. Nos muestra nuestro pecado, por lo que provoca que vayamos en busca de Cristo que fue el único que la cumplió.

3.- El cambio introducido por Cristo. Ahora tenemos disponible la justicia de Dios por medio de la fe en Cristo, quien cumplió perfectamente la ley de Dios. Él la cumplió por nosotros.

4.- Nadie merece la gloria de Dios. El pecado alcanzó a todos los hombres, por lo que no tenemos méritos para ganar la gloria de Dios. Pero la justificación a través de Cristo está disponible para todos los que creen en Él. Somos redimidos gratuitamente por la gracia de Dios por medio de la fe en la justicia de Cristo. Él pagó esa redención en la cruz. Esta redención culminó con la enemistad que existía entre el hombre y Dios, y fue promovida por el mismo Dios. La justicia de Dios fue cabalmente llena por Jesucristo. Por esa razón nosotros no tenemos méritos para alcanzar dicha justicia, y Dios nos la otorga gratuitamente.

5.- La extensión de la obra de Dios. Ya sea judío o gentil la fe en Cristo nos otorga la justificación. Pero la ley no puede ser derogada porque nos muestra nuestros pecados.

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