Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. Gálatas 5-1

¿El hábito o el hombre?

Y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre.(Juan 2:25)

 


Jorge G. acaba de ser nombrado director comercial en la sede de su empresa. Allí, la gente comienza a conocerle y le saluda con placer. Cierto día, Jorge tiene que trasladar unos antiguos  legajos que le ha traído una empresa de mudanzas. Entonces deja su acostumbrado traje y se viste con una ropa más apropiada para esa tarea.

El transporte de la documentación se hace animad amente por los pasillos de la dirección. Jorge encuentra a muchas personas, pero se extraña de que la mayoría no le saluda. No es que a sus nuevos colegas les moleste verle llevar carpetas, sino que ni siquiera le reconocen. Ya están acostumbrados a su traje de Director Comercial y no se fijan en su propia persona.

Así ocurre a menudo con nuestras habituales relaciones. Estamos tan apresurados que solo echamos una mirada distraída sobre los que nos rodean. Jesús no obraba así. Se detenía en su camino para atender con amor a todos los que tenían necesidades.

Nuestro Señor permanece el mismo. No repara en nuestra apariencia, sino que escudriña nuestro estado interior, todas nuestras motivaciones, todos nuestros ocultos pensamientos.

Desea que tengamos con él una relación verdadera de amor y obediencia. Nos conoce mejor que nosotros mismos, acudamos, pues, a Él en simplicidad. Él nos revelará sus planes de amor.

 Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón. (1 samuel 16:7)

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