Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. Gálatas 5-1

"¿Qué haré"? (Lucas 20:13 )

Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado.(Romanos 11:22)

 


Dios es quién hace esta pregunta.Se interroga a sí mismo, como si estuviese colocado ante una dificultad. Porque el hombre, su criatura, no le quiere escuchar y rehúsa obedecer.

Él envío a los profetas y a los hombres los mataron a pedradas. De muchas maneras y en varias ocasiones, Dios hablo a las precedentes generaciones; pero no quisieron escuchar.Entonces, él dijo: "¿Que haré"? 

Sin duda, Dios no está corto de medios para juzgar la desobediencia de los humanos y castigar su obstinación. Con una sola palabra podría destruirlos definitivamente. Pero no lo hace.

Entonces dijo: "Enviaré a mi hijo amado" ( Lucas 20:13). Estas palabras nos sumen en la adoración: Dios da a su Hijo.

¿Qué hicieron los hombres con el enviado de Dios? "Tomándole, le mataron y en su impiedad gritaron: "Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos (Mateo 27:25).Conocieron, conocen y conocerán el juicio que llamaron sobre sí mismos.

Pero el amor de Dios no tiene límites según la parábola, "dará su viña a otros (Lucas 20:16). Su salvación se extendió a todas las naciones, hasta nosotros. 

"Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios", dice el apóstol en su epístola a los Romanos (11:22).

¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? (Romanos  2:4)

No menospreciemos su bondad ni la salvación que Dios nos ofrece.

 

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