Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. Gálatas 5-1

La mansedumbre (Mateo 11:29)

Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; (Mateo 11:29)

 

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Esta es una cualidad poco apreciada en nuestro mundo egoísta y duro, pues el hecho de no defender sus derechos enérgicamente se considera como cobardía y falta de carácter.  

Pero, muy al contrario, la mansedumbre, hija de la paciencia, denota una gran energía moral.¿No es necesaria para aceptar las injusticias, confiando en aquel que toman mano nuestros verdaderos intereses? El Señor Jesús es para nosotros un perfecto modelo de mansedumbre. No resistía a los que le deseaban el mal y no respondía con maldición cuando se le maldecía (1 Pedro 2 :21-23).

Si eres un discípulo de Jesucristo, si confías en él y te comprometes con él y esperas pacientemente por él, Dios ya ha comenzado a ayudarte y te ayudará aún más para formar en ti un carácter con mansedumbre .

Y la forma principal en que lo ayudará es asegurarle a su corazón que usted es un heredero de Jesucristo y que el mundo y todo lo que hay en él es suyo ( 1 Corintios 3: 21–23 ). Los mansos heredan la tierra.

A veces al mansedumbre sabe callar: 

 

"Enmudecí , no abrí mi boca" (Salmo 39: 9).  Tal fue Jesús, el Cordero de Dios, delante de sus juezes y sus verdugos. 

 

La mansedumbre también sabe cuándo y cómo hablar: "La blanda respuesta quita la ira"( Proverbios 15: 1)

Jesús proclama que son bienaventurados los mansos( Mateo 5: 5). El apóstol Pablo exhorta a los Filipenses (4: 5) : "Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres", "mostrando toda mansedumbre para con todos los hombres", escribe también a Tito (3:1-2).

Sin embargo, la mansedumbre no excluye la más grande firmeza cuando se trata de mantener los derechos de Dios, como Jesús mismo nos lo enseña( Mateo 21:12-13). Aprended de mí, nos dice el Maestro.

 

Considerando vuestra conducta casta y respetuosa.  Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos,Sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios. (1Pedro 3:4)

 

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