Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. Gálatas 5-1

Dos huertos (2) - (Hebreos 5:7-9)

Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia;    y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen;(Hebreos 5:7-9)

 

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La Biblia habla de otro huerto. Entramos en el con profundo respeto. Nos mantenemos a distancia como de un tiro de piedra y en la noche oímos un gran clamor (Hebreos 5:7).

Ahí hay un hombre que ahora arrodillado. Entabla un gran combate. Su sudor es como grandes gotas de sangre que caen hasta la tierra ( Lucas 22:44).

La lucha es tan intensa que en el cielo tiene un ángel para fortalecerle. El adversario, Satanás, procura detener a Jesús en el camino de la obediencia y del sacrificio.

Ah, si pudiera impedirle continuar! Todo estaría ganado para el y perdido para el hombre. ¿Cómo evitar que el Señor avance? El diablo le muestra el horror de la cruz, el terrible peso del pecado para El, quién es el Santo y el Justo, la ira de Dios que va a  desencadenarse contra Él cuando se presente para expiar los pecados de los hombres, y el desamparo de Dios, lo más terrible para Aquel cuya comunión con su Dios nunca conoció la menor interrupción.

Jesús "se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte" (Filipenses 2:8).Huerto del Edén, maravilloso paraíso, pero definitivamente perdido para el hombre desobediente.

Huerto de Getsemaní, en la oscuridad de la noche, brillan con el más puro resplandor las perfecciones del Hombre obediente. En el primer huerto, el hombre quiere elevarse para ser igual a Dios, en el segundo, el Hijo de Dios se humilla para salvar a su criatura.

 

Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús,  el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;  y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. (Filipenses 2:5-8)  

 

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