Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. Gálatas 5-1

El lenguaje de la naturaleza (Salmos 19:1)

Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y el firmamento anuncia la obra de sus manos. (Salmos 19:1)

 


Hoy en día cada vez hay más voces que claman para salvar la naturaleza. ¡Cuánto hemos estropeado en estas últimas décadas! Pero, ¿cuánta gente es sensible al lenguaje de la naturaleza? Es un lenguaje sin palabras que va dirigido a todos los hombres a todas las culturas.

¿Quién de entre nosotros no ha quedado impresionado por una puesta de sol, un árbol en flor o el bramido de las olas? ¡Cuántas invitaciones a buscar el autor de toda esta belleza, de todo ese poder!

Y sin hablar de la hermosura de la naturaleza, el simple hecho de que la creación existe, ¿no es ya un motivo para maravillarse? Si los científicos pueden hacer cálculos de una presión increíble, eso demuestra que el mundo no está dirigido por el azar, sino que en él reina un orden interno. El hecho de que el mundo puede ser descifrado, ¿no es la prueba de la existencia de una inteligencia suprema?

Mucha gente no pasa de ahí y no trata de averiguar quién es el autor del Universo. La Biblia nos dice que es Dios, no es una fuerza sino una persona quien podemos conocer. De hecho, el creador vino a visitar a su criatura.

El Hijo de Dios se acercó a nosotros y se humilló a sí mismo tomando nuestra condición humana. Y más aún: dio su vida por nosotros.

Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. (Romanos 1:20) 

 

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