Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. Gálatas 5-1

Un mal razonamiento (Salmos 42:3)

Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, Mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios? (Salmos 42:3)

 


Al final de un paseo Manuel y Luis, dos amigos cristianos, llegaron a una colina que se imponía sobre un próspero y largo valle.

Asombrados por la belleza del paisaje, se detuvieron. Todo parecía tranquilo, pero Manuel, un tanto preocupado, dijo a su amigo: 

Estoy contento de conocer al Señor que creo estas maravillas, pero ¿´que responder a quienes nos dicen fríamente: Si hubiese un Dios, no permitiría el sufrimiento?

Luis se quedó pensativo, con la mirada fija en el horizonte, pero acabó respondiendo:

Hay un error de razonamiento.¡ La  existencia de Dios no tiene nada que ver con el sufrimiento!

Es cierto, asintió Manuel.

La existencia de Dios, del Creador, se deduce de la propia existencia del mundo y de nosotros mismos. La Biblia afirma que el poder de Dios se discierne por medio de la inteligencia...

Sí, el sufrimiento, sólo puede ponerse en relación con la bondad y la justicia de Dios, no con su existencia. Digan lo que digan los hombres, éstos deben tener en cuenta a un Dios que existe y que los juzgará.

Exactamente, dijo Luis. Dios es amor, a pesar de todo el mal que veamos. Mostró que nos amaba cuando Jesús, el único justo, sufrió por nosotros los injustos.

Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. (Romanos 1:20)

 

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