Cuando dijiste que sí
al Salvador de tu alma
entraste a un camino nuevo …
la senda de la esperanza.
Senda hermosa que marcó
nuevo rumbo a tus andanzas,
Camino lleno de luz
que tus pasos afirmaba.
Continuaste la carrera
con valentía y audacia
pues no caminabas solo
el Señor te acompañaba.
Comenzaste a comprender
en la lucha y la batalla
que hay una arma poderosa
que nunca debes obviarla.
No es la fuerza ni la astucia,
tampoco tus propias armas
pues en toda adversidad
el poder es … la Alabanza.
En la lección que aprendiste
descanso sintió tu alma
testificando de la paz
a los que a ti se allegaban.
Pronto todos conocieron
mientras juntos batallaban …
“Por cruenta sea la guerra,
por fuerte sea la asechanza,
nada tienen que temer,
pues la victoria es de aquel
que abre la boca y le alaba.”
Cantar su misericodia,
dar en todo acción de gracias,
adorarle y alabarle …
¡Dios habita en la Alabanza!
— Zaida C. de Ramón —

