Mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndolos sus razonamientos,(Romanos 2:15)
Por desdicha, hoy en día muchas personas han perdido el oído para escuchar la voz de su conciencia, de otra manera la mayoría de la gente no podría dormir tranquila y millones de personas debería estar preocupadas por saber cómo arreglar su situación con Dios.
A este respecto se cuenta la siguiente anécdota: El juez pregunta al abogado defensor: – ¿Tiene usted aún algo que alegar a favor del acusado? Este contesta: -Si, pido que cuando se pronuncie el fallo, se considere que mi defendido está sordo. Por eso no pudo oír la voz de su conciencia.
Hay algo de verdad en esta contestación, pues no se trata de nuestro oído sino de la voz de la conciencia que muchos reprimen o amortiguan, lo cual puede ser catastrófico. A veces la conciencia se presenta sin que uno lo desee.
Entonces se vuelven a recordar viejas historias de infidelidad, deshonestidad, envidia, falta de amor, malos pensamientos… la lista puede ser larga.
Es necesario escuchar a ese <<fiscal de Dios>>, cómo se ha llamado a la conciencia, y buscar un medio de perdón y salvación. Es necesario presentarse ante la más alta instancia: Dios mismo, quien envió a su Hijo Jesucristo “en propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4:10).
Debemos confesárselos sin reserva ante el Justo Juez. Es necesario recordar que el que nos gusta “es el Señor”, a quien no se le escapa nada de nuestro ser interior.
(1 Corintios 4:4) Porque aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado; pero el que me juzga es el Señor.
