El arrepentimiento es un don de la gracia

Ahora, basado en la autoridad de la Palabra de Dios, quiero declarar que el arrepentimiento debe ser predicado en el nombre del Señor Jesús como una gracia otorgada desde lo Alto. Es otorgada por Dios. Sí, por lo tanto, el arrepentimiento ha sido dado a los gentiles al igual que a los judíos porque es un don de la gracia (Hech. 11:18). No nos llega por las obras de la ley, sino que nos llega total y completamente del corazón generoso de Dios.

 

No debe ser predicado en el nombre de Moisés como una obligación legal, sino que debe ser predicado como lo predicó Jonás, sin ninguna esperanza –porque éste proclamó que Nínive sería destruida en sólo 40 días– sino que debe ser predicado en el nombre de Jesús como la gracia de Dios.


 

El arrepentimiento es un don dado por la gracia de Dios, igual como la fe es dada por la gracia de Dios. Nuestro Dios generoso y Padre celestial ha exaltado grandemente a su Hijo y le ha dado un nombre que es sobre todo nombre, habiéndolo puesto a su diestra para ser “Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados” (Hech. 5:31). Por lo tanto, es la gracia de Dios, la bondad de Dios lo que lleva al arrepentimiento (Rom. 2:4).

Dondequiera que haya verdadera tristeza por el pecado, dondequiera que haya un cambio radical en la manera de pensar con respecto al pecado, puedes estar seguro de que esto ha sido producido por el Espíritu de Dios. Es un don del pacto de gracia tanto como lo es el perdón que lo acompaña. Y recuerda, Dios otorga esta gracia únicamente a pobres pecadores. Los hace tener conciencia de que lo necesitan. El escritor del canto12 lo expresó así:

Venid, necesitados, venid y bienvenidos, Venid, la dádiva de Dios glorificad; Verdadera fe y verdadero arrepentimiento, Son gracias que a él os acercan; Sin dinero, venid a Jesucristo y comprad.

Por su gracia, Dios usa la Ley para mostrarte lo que eres y luego te acerca a Cristo. Su Espíritu con su gracia usa la Ley para darte conocimiento del pecado (Rom. 3:19, 20; 7:7-25). Por lo tanto, ¡nunca descartes la Ley de Dios! Sí, te coloca bajo la ira de Dios y te condena al Infierno. Pero, alabado sea Dios, por la Ley de Dios ves, admites y comprendes tu estado pecaminoso, tu gran distanciamiento de Dios y tu gran necesidad de un Salvador. Gálatas 3:24 dice que la Ley es el ayo que te conduce a Cristo como tu única esperanza. Entonces, es la gracia de Dios lo que produce arrepentimiento en tu corazón y fe en el Señor Jesucristo.

El Espíritu Santo te enseñará cuan terriblemente sufrió Cristo por tus pecados, y esta verdad será el medio que te lleve a aborrecer el pecado. Comprenderás que el Espíritu Santo, al iluminar tu entendimiento e influenciar tus sentimientos, produce en ti arrepentimiento –¡aun en ese corazón que parecía tan duro y estéril que no se podría producir nada en él! Tu corazón será quebrantado y hecho fértil al caer sobre tu alma el suave rocío de la lluvia de gracia sobre tu alma. Entonces, por el Espíritu de Dios obrando en ti, verás una hermosura y una gloria en el Señor Jesucristo que causará que lo desees (2 Cor. 4:4, 6; Job 23:3; Cantares 2:3). No sólo aborrecerás el pecado y sentirás gran tristeza por él (2 Cor. 7:10, 11) sino que voluntariamente te volverás de él por fe en Cristo al comprender lo que le ha hecho a él.  

Entonces, Dios da arrepentimiento al pecador, es uno de los dones gratuitos de su gracia. Y quien quiere lo posea puede estar seguro de que la mano del Señor está sobre él para siempre.

Pero vayamos más adelante. ¡Dondequiera que hay un arrepentimiento real, es evidencia de la fe en Cristo operando en el corazón! ¡Esto es evidencia de que estás vivo en Cristo! Si tu corazón se ha apartado del pecado, si te postras en el polvo ante Dios debido a tus pecados, si acudes a Cristo en la cruz realmente penitente13 clamando “¡Señor, acuérdate de mí! ¡Señor, sálvame! Señor, ten misericordia de mí y líbrame de caer en el pozo”, entonces hay en tu corazón arrepentimiento y fe. No puedes separarlos, donde encuentras uno, encuentras el otro.

Tenemos esto bellamente ilustrado en el caso del publicano que encontramos en Lucas: “Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece , será humillado; y el que se humilla será enaltecido” (18:13, 14). Fíjate bien, las palabras del salmista siguen siendo ciertas: “Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos14 de espíritu” (Sal. 34:18). Fue por pecadores como estos que nuestro Señor Jesús sufrió en la cruz.

Por lo tanto, salga y sea proclamado el mensaje en todos los pueblos debajo del cielo: dondequiera un alma se arrepiente y se vuelve a Jesucristo con fe, la gracia de Dios ya está obrando y le es otorgado perdón