Jacob y Esaú (Génesis 25, 27, 32, 33) – Historia bíblica del perdón

Los gemelos Jacob y Esaú eran muy diferentes entre sí. Uno era un hombre de hombre. A Esaú le encantaban las actividades al aire libre, como cuidar de las ovejas y la caza. Jacob prefirió quedarse en casa y aprender de su madre.


Un día Esaú vino del campo hambriento. Le rogó a Jacob que le diera algo de comer. A cambio, Jacob le vendió un plato de sopa a su gemelo mayor a cambio del derecho de primogénito. Esaú intercambió la mayor parte de su herencia por un plato de frijoles. (Génesis 25: 29-34)

El engaño continuó. Cuando su padre Isaac supo que estaba cerca de la muerte, le pidió a su hijo primogénito que matara a un ciervo para preparar una buena comida antes de dividir la propiedad. Rebbecca, la madre de los gemelos, escuchó la solicitud y ayudó a Jacob a lograr un gran plan para engañar a Isaac y darle a Jacob la mayor parte de la herencia.

 Al final, Jacob tuvo que correr por su vida. Huyó a otro país para encontrar a los parientes de su madre que lo cuidarían. Pasaron muchos años antes de que regresara a su propia familia. Cuando lo hizo, oyó que su hermano Esaú lo estaba buscando. El engañador Jacob estaba asustado. Él ideó un plan para que su hermano solo pudiera destruir la mitad de la riqueza de Jacob si era atrapado. (Génesis 32)

Cuando finalmente se encontraron, Esaú corrió hacia Jacob, lo abrazó, lo besó y le mostró perdón y misericordia. Había perdonado tanto a Jacob que se sorprendió de que Jacob incluso pensara que podría haber sentimientos difíciles entre ellos. (Génesis 33)