Laodicea (Apocalipsis 3: 14 -22)
Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. (Apocalipsis 3:19-21).
Laodicea estaba situada al borde del río Lycus, en la encrucijada de tres grandes vías de Asia Menor. Había llegado a ser un centro de negocios muy rico, por lo cual sus habitantes estaban particularmente orgullosos.
Está mentalidad había contagiado a los miembros de la iglesia, los cuales decían gustosos: “yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad”(Apocalipsis 3:17).Hoy en día la Iglesia está igualmente contaminada por esa auto-satisfacción.
Entonces, ¿dónde hallar puntos de referencia? Jesús se presenta como la única referencia:“he aquí el amén, el testigo fiel y verdadero”(Apocalipsis 3:14). El Señor hace un fuerte reproche a Laodicea por su tibieza.Ser tibio es ser diferente que Jesús. En el fondo es menospreciarlo.¿
¿Tibio, pretencioso, inconsciente? ¿es está mi condición ante Dios? Entonces necesito escuchar su consejo:comprarle oro refinado en fuego, vestiduras blancas y colorio. Estos son símbolos de lo que viene solo del señor: la justicia, el testimonio y el discernimiento.Las palabras del Señor son muy severas, pero están llenas de amor(v.19)
El desea que le abramos la puerta de nuestro corazón para experimentar su presencia, su amor y su comunión. Aquel que nos amo y sufrió tanto, ¿no tendría el derecho de ser amado, escuchado y servido por los que apelan a el?

