Otra prueba de que la religión verdadera se encuentra muy bien centrada en las emociones es que la Escrituras con frecuencia llaman al pecado “dureza de corazón”. Considere estos textos:
“Entonces, mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones,…” (Marcos 3:5). “Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestro corazón, como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto, donde me tentaron vuestros padres, me probaron, y vieron mis obras. Cuarenta anos estuve disgustado con la nación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos” (Salmos 95:7-10)
“¿Por que, oh Jehová, nos has hecho errar de tus caminos, y endureciste nuestro corazón a tu temor?” (Isaías 63:17). “Y endureció su cerviz, y obstino su corazón para no volverse a Jehová el Dios de Israel” (2 Crónicas 36:13)
Junto con estos textos, consideren que las Escrituras dicen que la conversión es como el quitar el corazón de piedra y dar un corazón de carne. (Ezequiel 11:19, 36:26). Un corazón duro obviamente es uno que no es fácil de mover o de impresionar con emociones espirituales. Es como la piedra—frío, insensible, y sin sentimientos hacia Dios o la santidad. Es lo opuesto de un corazón de carne el cual si siente, y puede ser tocado y movido. Se desprende, pues, que la santidad de corazón consiste en gran parte de emociones espirituales.

