Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. (Mateo 7:7-8)
Dios “da a todos abundantemente y sin reproche” (Santiago 1:5). Su gozo consiste en dar. Pero, a menudo, nos hacemos rogar para que recibamos lo que su mano nos tiende.El dio bastantes recursos a la tierra como para asegurar la existencia de todas sus criaturas.
Pero, ¿que uso hacen de ellos los humanos? ¿Como reparten entre sí las liberalidades de la Providencia? la injusticia y el egoísmo hacen que la miseria y la abundancia se opongan.Por un lado se hallan pueblos provistos de todo y saciados y, por otro, pueblos subdesarrollados y su subalimentados.
Dios ofrece la vida eterna a todos los hombres. De tal manera amo al mundo que dio a su Hijo unigénito para salvarlo. Sin embargo, multitudes rehúsan ese maravilloso don.
Los que son hechos hijos de Dios por la fe, sin cesar deberían agradecerle sus constantes beneficios. Nada limita los dones con los cuales quiere enriquecernos, salvo nuestra capacidad para recibirlos. ¡Ay!, con demasiada frecuencia olvidamos que “toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces” (Santiago 1:17).
Tengamos cuidado; la oferta de la salvación está limitada en el tiempo; en realidad no va más allá de nuestra vida terrenal, cuya duración no es desconocida. Por eso, tendamos la mano para recibir hoy el maravilloso Don que Dios nos ofrece.
Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia. (2 Corintios 9:10)
