Y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.(Mateo 18:3)
Muchas personas que frecuentan los oficios religiosos nunca han oído hablar del nuevo nacimiento. Se les predica acerca de las buenas obras y de la reforma social, pero desconocen la única verdad capaz de resolver los problemas de nuestra sociedad y de nuestro mundo: la transformación interior del ser humano.
Porque el problema del hombre es primero espiritual y luego social. Ya lo dijimos, el cambio interior condiciona la actitud exterior.
En el Antiguo Testamento este cambio siempre está presentado como algo futuro; por eso Jesús dijo Nicodemo: “¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?”
¿Que está escrito, pues, en el Antiguo Testamento? El Señor tu Dios cambiará “tu corazón, y el corazón de su descendencia, para que ames al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas” (Deuteronomio 30:6).
Más adelante Dios declaró cómo se efectuaría ese cambio: “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros…” y “Pondré mi espíritu en vosotros, y viviréis” (Ezequiel 36:26-27 y 37:14).
Esto anunciaba claramente una transformación que se realizaría mediante el Espíritu santo, es decir, una nueva fuente y un nuevo origen de vida implantada en el hombre: un nuevo nacimiento.
Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?(Juan 3:10)
