¿Es el un salvavidas o un amigo? (Romanos 13:11-12)

 Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos. La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz.(Romanos 13:11-12)


Durante un naufragio, cuando el barco estaba a punto de hundirse, el capitán grito a los marineros:<<¡Es el fin, amigos míos, todos a orar!>>. Se pusieron a orar solo cuando estaba todo perdido.

Un joven, gravemente enfermo, clamaba sin parar: ¡Dios, Dios! Para calmarlo, los demás le dijeron que no era tan grave como para que tuviese la necesidad de pensar en Dios y que no era el momento de atormentarse con semejantes ideas.

Mucha gente pretende que todavía no es el momento de pensar en Dios. Consideran lo que llaman <<la religión>> como el último recurso, apenas una formalidad que cumplir para ir al cielo. ¡Algo como una visa en un pasaporte! Esto no es el cristianismo. Las sagradas escrituras están compenetradas de la idea de que es necesario preocuparse por el alma mientras aún hay tiempo.

Pensándolo bien, ¿es así como se debe tratar a Dios? ¿Conviene llamarle solo en el momento de necesidad? ¿Es el un salvavidas o un amigo? Por cierto que debería ser el amigo en cada paso de nuestro camino, y no solo aquel a quien llamamos en caso de urgencia. Lo triste, cuando se obra así, es que finalmente uno se dirige a un extraño.

” Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: no tengo en ellos contentamiento” ( Eclesiastés 12:1).