Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. (Mateo 6:6)
La oración es una de las prerrogativas más vitales y especiales que se les ha concedido a los cristianos en esta era de la Iglesia. Mediante la sangre de Cristo, a los cristianos en esta dispensación de gracia se les ha dado acceso al salón del trono de Dios, y como hijos suyos, se nos ha dado el derecho de acercarnos a Él con denuedo, para que podamos recibir misericordia. y encuentra gracia para ayuda en tiempos de necesidad.
La oración es el aliento del alma, que continuamente se acerca con impotencia al Dios que nos hizo y nos redimió, con su propia sangre preciosa. La oración es una actitud del corazón, que clama al tierno Padre-corazón de Dios, por intimidad y comunión cercana. La oración es la combinación de la impotencia del hombre con su fe en la provisión de la gracia de Dios, y la oración se traduce en un corazón que confía en su amor eterno.
Oremos, día tras día, en la quietud de nuestro propio ‘ lugar secreto’ de oración particular, privado, porque la oración es una de las prerrogativas más vitales y especiales que se les ha concedido a los cristianos en esta era de gracia de la Iglesia.

