Mi pequeño instrumento en su gran orquesta

Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso. Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo. Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros.  Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios;(1 Corintios 12:18-22)

 


Durante un ensayo en el que Michael Costa dirigía su célebre orquestra, mientras retumbaban las trompetas, resonaban los címbalos y cantaban los violines, el que tocaba el flautín se dijo: <<¿En que soy útil? Lo mismo sería si no tocara. De todos modos nadie me oye>>.

Entonces continuó con su instrumento en la boca, pero dejo de tocar.Algunos instantes después el director de la orquesta exclamó: -¡Deténganse, deténganse! ¿ Dónde está el flautín? El oído del maestro había notado su ausencia.

Hay períodos en nuestra vida en que nos sentimos insignificantes e inútiles. Cuando trabajamos para el Señor y nos vemos rodeados de gente que tiene más aptitudes que nosotros, queremos, en un momento de debilidad, retirarnos y dejar que otro haga nuestra tarea.

Pensamos que de todas maneras nuestra contribución no cambiará mucho las cosas. Olvidamos lo que nos sugiere el Señor, al valerse de cinco panes y dos peces que tenía un muchacho, para alimentar a una multitud.

Él nos colocó allí donde estamos. Él distribuyó las tareas y dio los medios para cumplirlas. No nos corresponde apreciar la importancia de los pocos o muchos talentos que recibimos.

Sencillamente pongamos a su servicio lo que recibimos de el para su gloria y la alabanza de su nombre.

 

Él siempre está atento a la manera en que cumplimos lo que podríamos llamar nuestra cotidiana colaboración.