Jesús, oyendo esto, le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. (Lucas 18:22)
En el ocaso de su vida, Goethe, el poeta alemán, dijo:<<-Siempre se me considero un ser favorecido por la Providencia y, sin embargo, para ser franco, debo decir que, contando bien, en mi larga existencia apenas conocí cuatro semanas de una felicidad sin nubes y completamente serena>>.
En su lecho de muerte, el estadista inglés, John Mason, dijo: <<-¿Que aprendí durante mi vida? Que la fe cristiana es la dicha más grande. Si tuviese que volver a empezar mi existencia, cambiaría la corté real por la soledad. Prefiero una hora en comunión íntima con Dios, antes que todas las que pase en el lujo de los palacios. Ahora siento que todo me abandona, solo me queda mi Salvador y mi fe>>.
No confundamos la felicidad con lo que sólo tiene la apariencia de ella, y no la busquemos en otra parte que no sea junto a Cristo, el hijo de dios, nuestro Salvador y nuestra Esperanza.Solo en él está la fuente de la dicha, porque solo el nos asegura el perdón de nuestros pecados, poniendo paz en nuestras conciencias. Únicamente él puede ser nuestro refugió en este mundo; solo el nos conduce a Dios y su gloria.
La felicidad en la tierra solo puede ser real y profunda, incluso en el dolor, si andamos tras sus pasos, amándole y obedeciendo lo.
Bienaventurados los perfectos de camino, Los que andan en la ley de Jehová. Bienaventurados los que guardan sus testimonios, Y con todo el corazón le buscan; (Salmo 119:1-2)

