El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.(2 Pedro 3:9)
¿Es necesario decir que vivimos en los tiempos más sorprendentes y determinantes de la historia de la humanidad? Todas las informaciones que nos llegan día a día nos convencen de que nos dirigimos hacia un punto crítico. Entre la gente bien informada, son muchos los pensadores que dicen que probablemente el hombre no sobrevivirá a esa clase de aceleración vertiginosa sin precedentes…¿Pero en qué dirección vamos? Nadie lo puede predecir.
Imperios y reinos surgen y se desvanece acompañados de desórdenes a menudo trágicos. La ideologías también se suceden, imponiendo siempre su pesado tributo de opresión, injusticia y muerte. El tiempo actual, por cierto el más terrible de la historia humana, es la angustiosa demostración de ello.
Cuando abrimos el libro de los libros, hallamos en el la respuesta a muchas preguntas que pueden salvar nuestro espíritu, en particular está : ¿Verdaderamente Dios dirige el mundo? La Escritura habla de revoluciones y guerras, del ascenso de pueblos de imperios y también de su caída. Los relatos del Antiguo Testamento muchas veces bombardean nuestra conciencia y plantean numerosos enigmas.
Pero, allí vemos que Israel, el pueblo que tiene un lugar preponderante, así como las naciones, están en las manos de Dios. Lo mismo continúa hoy en día. El cuidadoso estudio de la Biblia confirma que Dios tendrá la última palabra.
Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, !!cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir. (2 Pedro 3:10-11)

