Pastor Miguel Núñez – La osadía de la predicación

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Recordamos que la semana pasada el mensaje fue titulado El Poder de Dios en Acción, ya que fue basado en el capítulo 3, versículos del 1 al 11, los cuales narran cuando Pedro y Juan entrando al templo para adorar al Señor, y por dirección divina obraron un milagro en este hombre cojo de nacimiento, ordenándole en el nombre de Jesús de Nazaret que se levantara. Vimos que el milagro es una señal que apunta a la majestuosidad de Jesús, por eso el apóstol Juan no utiliza la palabra milagro en su evangelio, utiliza la palabra señal. Este milagro a través de Pedro representa lo que Dios puede hacer con la humanidad que está discapacitada espiritualmente. Dios está dispuesto a cambiar nuestras vidas si lo pedimos con fe. El pueblo, al ver este milagro se maravillaba y se asombraba al ver el poder de Dios en acción, por lo que Pedro, al ver esta reacción, aprovechó y les llama la atención para ayudarlos a entender el significado del milagro, que no eran ellos los que habían hecho esto , que era únicamente por el poder de Dios.

En los versículos de hoy vemos la osadía en la predicación de Pedro por la oposición y hostilidad de los judíos, quien le muestra la enormidad de su delito, pero sin querer enojarlos ni desesperarlos. Con toda seguridad los que rechazan, rehúsan o niegan a Cristo lo hacen por ignorancia.

Pedro les hizo ver la absoluta necesidad del arrepentimiento que debe cargarse solamente en la conciencia de todos los que desean que sus pecados sean borrados y que puedan tener parte en el refrigerio que nada puede dar, sino el sentido del amor perdonador de Cristo. Aquí tenemos un discurso fuerte para advertir a los judíos las consecuencias temibles de su incredulidad, con las mismas palabras de Moisés, su profeta preferido, dado el celo fingido de quienes estaban listos para rechazar el cristianismo y tratar de destruirlo. Les hizo ver que Cristo vino al mundo a traer una bendición y envió a Su Espíritu para que fuera la gran bendición. Cristo vino a bendecirnos convirtiéndonos de nuestras iniquidades y salvándonos de nuestros pecados. Por naturaleza nosotros nos aferramos al pecado, pero el designio de la gracia divina es hacernos volver de eso para que no sólo podamos abandonarlo, sino odiarlo. Que nadie piense que puede ser feliz continuando en pecado cuando Dios declara que la bendición está en apartarse de toda la iniquidad. Que nadie piense que entiende o cree el evangelio si solo busca liberación del castigo del pecado, pero no espera felicidad al ser liberado del pecado mismo. Nadie espere ser apartado de su pecado a no ser que crea en Cristo, el Hijo de Dios, y lo reciba como sabiduría, justicia, santificación y redención.

Pedro conecta a Jesús con el pasado, les recuerda los nombres de los antepasados de los judíos, centra su sermón en Jesús. Presenta la palabra de Dios con fortaleza y confronta a los judíos reclamándoles que permitieron que Jesús fuera crucificado. Los judíos mataron al autor de la vida, al santo y Justo.

En su sermón Pedro enfatiza la responsabilidad de este hecho y a la vez les dice que el autor del milagro que acaban de ver era precisamente al que ellos crucificaron, que no eran ellos, que ellos eran simplemente sus instrumentos y por eso los milagros y sermones se hacen invocando Su nombre, es en el nombre de Jesús. Cuando el predicador o expositor honra a Dios con su vida y con el mensaje, Dios glorifica a Cristo a través de otorgar salvación a uno o muchos de los que escuchan. La salvación se obtiene a través de la fe que se tiene en Cristo Jesús.

Pedro no excusa el delito de permitir la crucifixión, les llama ignorantes por rechazar y negar a Jesús porque esto había sido profetizado desde el Antiguo Testamento que lo menciona a través de todos los profetas que el Cristo debía padecer, y ellos no lo reconocieron.

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