La tranquilidad interior – Juan 14:27

La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.(Juan 14:27)


En el centro de un huracán existe una zona de calma y paz, un rincón de cielo azul llamado” ojo”. Cuando la tempestad causa estragos en nuestra vida,” Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. `Por tanto, no  temeremos, aunque la tierra sea removida… y quién tiemblen los montes a causa de su braveza… Estad quietos y conoced que yo soy Dios” (Salmo 46 :1-3, 10).

Una persona que estaba muy enferma y había perdido todas sus fuerzas, decía : Para apoyarme en algo sólido no necesito tener fuerza, me apoyo y ya. Me apoyo en el Señor, eres mi fuerza”. El Señor se acerca a quién no puede dormir debido a la ansiedad o la fiebre. Está junto al que se enfrenta solo a su enfermedad, a quien fue abandonado por sus amigos, al que está sumido en el duelo y el sufrimiento.

Dios siempre está ahí para amarnos, tranquilizarnos y darnos la paz, su paz. Se trata de una tranquilidad interior que ninguna circunstancia de la vida, ni nada ni nadie puede destruir. Esta paz no impide que se derramen lágrimas, pero la fe hace que la presencia de Dios sea efectiva.

 El está al otro lado. Esta es una certeza para quién conoce el gozo del perdón de sus pecados, posee una buena conciencia y una verdadera relación con Dios. Es el ancla que resiste a todas las tempestades, el fundamento de nuestra fe.

Construir sobre esta base significa confiar en Dios, buscar su comunión, leer su palabra, orar, ser agradecido…

Guarda silencio ante Jehová, y espera en él. No te alteres con motivo del que prospera en su camino, Por el hombre que hace maldades. (Salmos 37:7)