Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.(Génesis 3:6)
Qué tragedia el hecho de que Adán y Eva por haber desobedecido fueran echados del paraíso! No obstante, sus descendientes, en lugar de buscar a ese Dios que perdieron, van a fabricarse dioses según su imaginación. Reafirman así su menosprecio por Dios y su autoridad. En el transcurso de los siguientes siglos, Dios despliega su amor para con el pueblo de Israel.
Pero, de frente al desprecio del cual es objeto, Dios está obligado a enviar los pedidos juicios, pareciera que el diablo triunfará y que la humanidad fuera a quedar definitivamente lejos de Dios.
Sin embargo, en su amor, Dios tiene todavía un recurso, envía a su Hijo, Jesús, quien de manera perfecta manifiesta en esta tierra los caracteres de Dios. Más los hombres rehúsan escuchar a ese mensajero portador de buenas nuevas, y le crucifican.
Pero, si bien mediante a la cruz el hombre reafirma su rebelión, Dios por su parte, confirma lo que él es:
Amor y santidad. Su amor le lleva a dar a su Hijo unigénito por los pecadores.
Su Santidad le conduce a castigar a aquellos que se ofrece como rescate por los impíos. Por medio de la cruz, por fin Dios puede cumplir su plan eterno:
introducir en el cielo no solo hombres salvados, sino también una familia que sea feliz junto a él por la eternidad.
Y el gobernador les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aún más, diciendo: !!Sea crucificado! (Mateo 27:23)
