Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.(Lucas 13:24)
Para poner su enseñanza al alcance de todos, Jesús la ilustrada por medio de ejemplos sacados de la vida diaria o por objetos de uso corriente: la lámpara, la sal, el camino, el grano de trigo, el pan, una moneda, etc.
Nuestro Señor se designa a sí mismo como la puerta, la que conduce a la vida y desemboca en el cielo. Para entrar allí es indispensable pasar por él. Esa puerta es angosta, pero lleva a la vida. Mientras permanezca abierta, la divina gracia se ofrece a todos los que humildemente quieran pasar por ella.Pero el tiempo apremia, pues pronto se cerrará, y nadie logrará abrirla.
Jesús quiere librarnos del pecado, y en este sentido “la puerta” es una salida con un medio de escapar, de protegerse, una salvaguardia. para el creyente, Cristo es a la vez de el acceso al Padre y su protección contra el mal.
Jesús declara: Yo soy la puerta, el único medio para salir de las más desesperadas situaciones.Es la solución a dificultades que parecen insuperables y a los pecados que nos entorpecen. A menudo nos debatimos en medio de nuestros problemas no resueltos. Jesús es la respuesta a los problemas personales, conyugales, familiares y sociales.
El hecho de que Jesús entre en una vida hace que toda la personalidad se transforme. Con frecuencia trae paz mental, satisfacción y gozo, pero no garantiza el cambio de circunstancias difíciles, sino que ayuda atravesarlas. Él no nos promete una vida sin pruebas, pero quiere auxiliarnos a su consuelo.
Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.(Mateo 7:14)

